sexta-feira, 26 de fevereiro de 2010

AS MÃOS - Miguel Hernández


Miguel Hernández



AS MÃOS

Duas espécies de mãos se confrontam na vida,

brotam do coração, irrompem pelos braços,

caiem, e desembocam sobre a luz ferida

a golpes e punhadas.


A mão é a ferramenta da alma, a sua mensagem,

e o corpo tem nela o seu ramo combatente.

Levantai e movei as mãos num grande marulhar,

homens da minha semente.


Ante a aurora vejo surgir as mãos puras

dos trabalhadores terrestres e marinhos,

como uma primavera de ridentes afagos

de dedos matutinos.


Teimosamente povoadas de suores,

as veias retumbam desde as unhas partidas,

cobrem os espaços de andaimes e clamores,

relâmpagos e gotas.


Manejam utensílios, enxadas e teares,

mordem metais, montes, raptam machados, carvalhos,

e constroem, querendo, até mesmo no mar

fabricas, povoados, minas.


Estas sonoras mãos escuras e luzidias

revestem-se de uma pele curtida, invencível

e são inesgotáveis e generosas fontes

de vida e de riqueza.


Como se com os astros a poeira pelejasse,

como se os planetas lutassem com gusanos,

a espécie das mãos trabalhadora e clara

luta com outras mãos.


Ferozes e juntas num bando sangrento

avançam quando se afundam os céus vespertinos

umas mãos de osso lívido e avarento,

paisagem de assassinos.


Não tocaram nem cantam. Os seus dedos soltam roncos,

mudamente esvoaçam, multiplicam-se, propagam-se.

Não teceram o burel, nem nasceram os troncos,

e lânguidas de ócio vagueiam.


Empunham crucifixos e acumulam tesouros

que a ninguém pertencem se não a quem os labora,

e seus mudos crepúsculos absorvem os sonoros

caudais da aurora.


Orgulho de punhais, arma de bombardeios

com um cálice, um crime e um morto em cada garra:

executoras pálidas de negros desejos

que a avareza impõe.


Quem lavará estas mãos lodosas que se lançam

à água e a desonram, envergonham e estragam?

Ninguém lavará mãos que no punhal se incendeiam

e no amor se apagam.


As laboriosas mãos dos trabalhadores

cairão sobre as vossas com dentes e cutelos.

E aos pés de muitos exploradores

elas cairão cortadas.


Miguel Hernández

(tal como Lorca assassinado pelos franquistas)



LAS MANOS

Dos especies de manos se enfrentan en la vida,
brotan del corazón, irrumpen
por los brazos,
saltan, y desembocan
sobre la luz herida
a
golpes, a zarpazos.

La mano es la herramienta del alma, su mensaje,
y el cuerpo tiene en ella su
rama combatiente.
Alzad, moved las
manos en un gran oleaje,
hombres de
mi simiente.

Ante la aurora veo surgir las manos puras
de los trabajadores
terrestres y marinos,
como una primavera de alegres dentaduras,

de dedos matutinos.

Endurecidamente pobladas de sudores,
retumbantes las venas desde las uñas rotas,
constelan los espacios de andamios y
clamores,
relámpagos y
gotas.

Conducen herrerías, azadas y telares,
muerden
metales, montes, raptan hachas, encinas,
y construyen,
si quieren, hasta en los mismos mares
fábricas, pueblos, minas.

Estas sonoras manos oscuras y lucientes
las reviste
una piel de invencible corteza,
y son inagotables y generosas fuentes
de
vida y de riqueza.

Como si con los astros el polvo peleara,
como si los planetas lucharan con gusanos,
la especie de las
manos trabajadora y clara
lucha con otras
manos.

Feroces y reunidas en un bando sangriento
avanzan al hundirse los cielos
vespertinos
unas
manos de hueso lívido y avariento,
paisaje de asesinos.

No han sonado: no cantan. Sus dedos vagan roncos,
mudamente aletean, se ciernen, se propagan.
Ni tejieron la
pana, ni mecieron los troncos,
y blandas de ocio vagan.

Empuñan crucifijos y acaparan tesoros
que a nadie corresponden sino a quien los labora,
y sus
mudos crepúsculos absorben los sonoros
caudales de la aurora.

Orgullo de puñales, arma de bombardeos
con un cáliz, un crimen y un muerto en
cada uña:
ejecutoras pálidas de los
negros deseos
que la avaricia empuña.

¿Quién lavará estas manos fangosas que se extienden

al agua y la deshonran, enrojecen y estragan?
Nadie lavará
manos que en el puñal se encienden
y en el
amor se apagan.

Las laboriosas manos de los trabajadores
caerán
sobre vosotras con dientes y cuchillas.
Y las verán
cortadas tantos explotadores

en sus mismas rodillas.

Miguel Hernández

(15 de febrero de 12937)

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1 comentário:

Manuel Veiga disse...

um abraço.

bela surpresa. este (re)encontro.